Mr. Dulcan

By @Elias2002creador

Mr. Dulcan

By @Elias2002creador

Un escritor se adentra en una de las ciudades mas problemáticas de los tiempos. Poco a poco, por algunas circunstancias,se vuelve cada vez mas loco por los habitantes dementes.

Chapter 1

1

Ya había vivido demasiado sin hacer algo decentemente fuera de lo común. La ciudad era agobiante y la mayoría del tiempo lo acababa desperdiciando una tarde frente al televisor; un partido y unas cervezas eran cambiadas, pero últimamente eso había cambiado. El restaurante que anteriormente visitaba se la había vuelto tosco y aburrido. El mismo camarero de quien se había amigado le platicaba de los mismos percances de su vida desaliñada. Le daba lastima él y sí mismo, apenas había logrado tener algo útil en su vida. Desde siempre oprimió sus deseos y fetiches de cambiar, pero la constante presión de perder amistades lo habían confundido en su camino.

La ciudad no dotaba de gran enormidad, una hora en coche y terminabas el recorrido. Una playa de arena blanca ya a veces lo disgustaba. Algunas rameras solían merodear por los callejones y ladrones parecían angustiarse de no encontrar presas. La mayoría se transportaba seguro en taxis y por el metro. Desde siempre la atmósfera estaba cubierta de una neblina gris que daba misterio a esa ciudad, a los ladrones donde esconderse. Los niños se volvían peligrosos, y más en escuelas privadas donde más había abusado de posibles amistades. Por las noches las lámparas con aquella luz amarillenta apenas iluminaban, parecían luciérnagas opacas que se sofocaban pero que aún así seguían encendidas. Constantemente se escucha el ruido de la estancada autopista, de los cláxones de los autos tanto modernos como clásicos, gritando para poder avanzar. Apenas habían perros callejeros, y si habían perdido, eran de aspecto demacrado, las costillas sobresalientes y una curvatura en su lomo por la flaquees. Era una ciudad donde casi no llovía o hacia el sol, siempre parecía ser un clima a blanco y negro, enredado entre la niebla del cielo y el suelo. Algunos la llamaban “la ciudad del olvido” o “la ciudad de la perversión”. Fuese cual era su nombre, todos sabíamos que no era una buena idea mudarse al mundo oscuro, a la ciudad de TROWEN.

Dulcan apenas dormía, por lo que su rostro parecía poco a poco más desaliñado. En las noches sufría horribles pesadillas que lo habían ordenado, le recordaban su pasado. El edifico era alto, pero aun así se escuchaba el bullicio de la gente que pasaba y algunas peleas entre los vecinos molestos entre sí. Ya no había recibido ningún correo de algún familiar. Su nevera jamás había estado en estado de anorexia y más él. Aquel estudio tuvo un precedente difícil de lograr en su vida cotidiana. No estaba acostumbrado a vivir dolencias psicológicas por parte de ese pequeño mundo que de una extraña forma, estaba destruyendo el suyo. La soledad de estar en un cuarto a solas, le oprima el corazón ya veces lo sacaba de quicio. Últimamente no podría imaginar al verso al espejo que su rostro había cambiado tanto, su aspecto era sobrio, su cabello descomunalmente creció y su barba se consideró descuida; sus ojos parecidos cristalizados y con cataratas. No bebía café ni energizantes, porque además de eso no le permitía dormir, no le gustaba el sabor, pero aun así sus manos temblaban sin controlar alguno, era una especie de epilepsia ligera. Transpiraba como cerdo apunto de achicharrarse en el sol. Aunque la única destreza, además de tener que hacer todo lo que un ser humano debe hacer, que es ocupar el baño, no tengo que hacer más que escribir al respecto de su experiencia en esa ciudad. Se había planteado un tiempo en el que mostraría una forma clara lo que era vivir en asilamiento en un lugar cerrado. porque además de que eso no le permitía dormir, no le gustaba el sabor, pero aun así sus manos temblaban sin control alguno, parecía una especie de epilepsia ligera. Transpiraba como cerdo apunto de achicharrarse en el sol. Aunque la única destreza, además de tener que hacer todo lo que un ser humano debe hacer, que es ocupar el baño, no tengo que hacer más que escribir al respecto de su experiencia en esa ciudad. Se había planteado un tiempo en el que mostraría una forma clara lo que era vivir en asilamiento en un lugar cerrado. porque además de que eso no le permitía dormir, no le gustaba el sabor, pero aun así sus manos temblaban sin control alguno, parecía una especie de epilepsia ligera. Transpiraba como cerdo apunto de achicharrarse en el sol. Aunque la única destreza, además de tener que hacer todo lo que un ser humano debe hacer, que es ocupar el baño, no tengo que hacer más que escribir al respecto de su experiencia en esa ciudad. Se había planteado un tiempo en el que mostraría una forma clara lo que era vivir en asilamiento en un lugar cerrado. no tenía que hacer más que escribir al respecto de su experiencia en esa ciudad. Se había planteado un tiempo en el que mostraría una forma clara lo que era vivir en asilamiento en un lugar cerrado. no tenía que hacer más que escribir al respecto de su experiencia en esa ciudad. Se había planteado un tiempo en el que mostraría una forma clara lo que era vivir en asilamiento en un lugar cerrado.

Apenas sabía si era una buena idea hacer aquel traslado. Aun así de ser masoquista, no dejó los estribos, siempre que podría sentar frente a la máquina de escribir e intentaba, lo intentaba con todas sus fuerzas. Los primeros días en los que conoció al vestíbulo del primer piso, resultó algo terrorífico que podría haber sido tan fríamente calculador. – ¡Bienvenido, señor Dulcan! -. Su rostro era extrañamente reluciente y encantador con respecto al entorno. Relucía flameante su trayectoria de empleado, con su sombrerito y todo. —Espero que no haya sufrido ningún percance camino aquí, señor Dulcan.

Efectivamente, al llegar recibimos algunos problemas de una bofetada perdiendo por la locura de ciudad. Era pequeña, pero eso no quitaba su naturaleza de laberinto.

Había sonreído entre dientes ante aquella conversación fuera de lo común, de hecho llegó a sentir que ese muchacho era algo odioso obviando al mundo perverso a su alrededor. —Claro que no – Le respondió en tono empresarial mientras sonreía de la misma manera con la que miraba a la gente con carisma. Fijándose, en la inscripción del sujeto estaba su nombre, Khaili Weman. Era un extraño nombre—. Disculpe … ¿Señor Weman? -.

El sujeto sonreía de par en par. El sitio parecía una payasada llena de color y brillantinas. Era un lugar colorido. – ¿Si señor Dulcan? Seguramente desea que le de sus llaves. Enseguida. Aquí están.

—Muchas gracias – Le respondió mientras empezaba a marcharse. Había un ascensor. No interrumpió a dar ni un par de pasos cuando Khaili lo interrumpió. – ¡Disculpe, señor Dulcan! El ascensor esta en mantenimiento, por lo que debe usar las escaleras.

Ahora que lo meditaba y se fijaba en la forma que movía sus labios aquel sujeto, supuso que era afeminado. Giró y lo agradeció con un exasperante— ¡Gracias! -.

Esos eran sus recuerdos más claros de su yo natural y aceptable, cuando aún no había sucumbido al máximo estrés y dolor de cabeza por la experiencia de perder en esa ciudad nocturna. El primer día, obviando algunos problemas, había comprado un periódico del sitio. Por la fecha se pudo dar cuenta que era antiguo. Al parecer no están centrados en que las personas conozcan los hechos de lo que está haciendo por ahí. Tal vez la razón es que esa ciudad constantemente, a lo largo del tiempo, había tenido muchas veces de criminales y tal vez sujetos con problemas mentales. Compararla con la Gomorra no era un disparate, era más bien una comparación aceptable. En las noches era común escuchar disparos lejanos o cercanos, o gritos en callejones obscuros y tenebrosos. Ahí parece ser que la humanidad desapareció dejando su peor parte. No estaba informado si tenía o no un alcalde, o una comisaria y un hospital. Efectivamente se enlistaría esa ciudad en uno de los lugares más obscuros de toda la nación. Su pregunta siempre era el cómo era posible que aún hubiéramos movimiento, eso era raro.

En el titular del periódico mencionado en letras grandes: TROWEN, La ciudad de la nieva. Le dio curiosidad y leyó.

Tirado

“La ciudad de la niebla”

Escrito por George McQueen

La ciudad del olvido, la ciudad del terror, esos son apodos que se ha ido ganando a lo largo de los años por las costumbres retorcidas de sus habitantes. Fue fundado en 1957 por el magnate multimillonario Alfred Truch. La ciudad cubre 100 kilómetros a la redonda. Antes, de que sufriera la catástrofe de las minas de mercurio, era reconocida por ser una de las ciudades más prosperas en cuanto a los avances de la economía. Ellos empezaron la construcción del primer subterráneo. Su población en los primeros años aumentará de 1000 ciudadanos a los siete mil en un mes, luego aumentará progresivamente en un plazo de un año. Las principales ventajas de la ciudad, era los recintos que tenían precios demasiado convenientes. Aunque el clima no resultó de lo más renovador, muchos prefirieron tener una casa completa para ellos solos, los precios subían y bajaban, eso era conveniente. Los primeros rascacielos fueron construidos en honor del fundador. El único problema del que constaba ahora, era la poca cantidad de oficiales de policía, hospitales y bancos. Aunque constaba de mayores beneficios, eran ser muy peligrosos. De 1997 al 2000, la taza de criminología se subió exorbitantemente. Se registraban muchos asesinatos y secuestros, tráfico de drogas y suicidios. De poco en poco, la ciudad se fue volviendo incontrolable. La población bajó muy drásticamente. De hecho, el gobierno intento, diciendo en palabras sencillas, limpiar la ciudad con un escuadrón de soldados. Hubo un gran disturbio donde murieron inocentes. Después de eso, el gobierno se mantuvo en perfil bajo, pues era más prudente así. Ahora, no se sabe muchas mafias hay controlando el lugar, pero estas mismas aseguran que, como lo controlan todo, la seguridad ha subido de cero a regular. Las calles están constantemente con gente armada hasta los dientes. Estos mismos crearon manicomios improvisados, porque misteriosamente la gente enloquece luego de haber pasado un tiempo residiendo aquí. Muy pronto puede comenzar una guerrilla entre bandos de la mafia contra el ejército, que trata exhaustivamente limpiar el entorno.

Esta convocatoria envió al gobierno …

En la tarde le llevaban a su espaciosa habitación su cena y especificados de la hora, su respectiva comida. Ya se acostumbró a pedir un domicilio las cosas, mucho antes de adentrarse en ese mundo descomunal. Pasando unos días, mientras recordaba con pena la ausencia de aire fresco, aun así de haber prometido, no sabía ni siquiera cómo empezaría una historia. Apenas conocía el lugar, solo el edificio de Will Street. Alrededor de este edificio, había cazuelas viejas y en posiblemente descomposición. No entendía el porqué de tanto desorden. Luego, consideró que iría por alguna parte. Salió de su cuarto. Esta afuera aquel pasillo de alfombras extrañas y de retratos de gente antigua con pelucas blancas. En su puerta estaba muy claramente especificado el número de habitación en unas letras de bronce, 101. Era un edificio prodigio para la clase de sujeto que él era. No olvides nunca que pedir toallas, siempre se las cambiaban.

Llegó luego de vario rato bajando las escaleras al lobby. Ahí estaba el ser parecido a un robot. – ¡Buenas tardes, señor Dulcan! —Le dijo mientras empezaba a salir. Se puso como tratar de frenarlo. – ¿Se puede saber a dónde va, señor Dulcan? La ciudad es peligrosa en estas circunstancias. No es … digámoslo de alguna forma … la mejor idea—.

Se planteó como un niño al que le prohíben ir l parque. No sería tan malo, o al menos de esa forma se representaba en su cabeza. – ¿Y por qué lo dice? —Preguntó con la misma educación de siempre. No sé exactamente nada de sarcasmo en su voz.

– Por nada – Sonrió—, es debido que es algo confuso. Puede perderse en el lugar.

Duncan lo miró algo extrañado, pero no sucumbió a su típica respuesta explosiva que ya se formula por si sola en su mente: “Soy lo suficiente adulto para no perderme”.

—Creo que estaré bien – Le repuso nuevamente, al mismo tiempo que caminaba hacia la puerta giratoria. Khaili se acercó de inmediato, fue tras él con la expresión de preocupación. Le tocó el hombro mientras sonreía nerviosamente. —Supongo que debo insistir— Dijo.

—Viña aquí por una razón, escribir. Fuera esta mi conocimiento. Aquí es una pocilga de ratas. Por ello, le repito señorcito Khaili, no se meta en mis asuntos.

Comments On This Chapter

Like
Like Love Haha Wow Sad Angry
Comment 0 Comments

Similar Stories

Similar Titles